Una vueltita por el otro lado del charco, Uruguay .

(16-24 de julio de 2011)

 

faro¿Y por qué viajamos? Para sacarle las telarañas a este esqueleto, para traernos sones, aromas y sabores en nuestro espíritu, darle recreo a este sedentarismo autoimpuesto. ¿Qué esperamos en cada viaje? Experiencias plenas, que nos inviten al mejor lugar y que encima sea “grati”…bueno, no siempre se da, pero mirando con los ojos bien abiertos (y no solo los ojos físicos) siempre hay una caricia y un aliciente para seguir y seguir andando los caminos…
Uruguay y su gente siempre nos llevaron a preguntarnos ¿qué onda por aquellas tierras? Cerca del mediodía abordamos desde la terminal de Puerto Madero la embarcación de Seacat, una alternativa al Buquebus, el viento embravecía un poco el Río de la Plata pero en una hora ya estábamos en Colonia y unos minutos más tarde caminando hacia el hostel El Español, a pocas cuadras de ahí.
Colonia del Sacramento fue un bastión estratégico disputado por portugueses y españoles pasando a manos de unos u otros y dejando cada uno improntas de su cultura.
La parte histórica es muy pintoresca, bien colorida: callejuelas de adoquines, delicados farolitos, vegetación y ¡¡¡autos antiguos de maceteros!!! macetero
El blanco faro domina la zona, vestigios y ruinas dan cuenta de lo que fue la vida por aquellos tiempos, a parte de diversos museos que uno puede recorrer.
Ese mismo sábado estas tierras nos recibían con la eliminación de la selección de fútbol argentina por penales ante Uruguay. Festejos y bocinazos por las calles, la garra charrúa había salido a relucir, el equipo prevalecía por encima de las individualidades.
Al día siguiente un viento ponía fresco el ambiente, una larga caminata por la costa del río nos llevo hasta donde está la antigua plaza de toros, la cual apenas inaugurada tuvo que ser cerrada pues se promulgo la ley antitaurina. atardeceHoy el predio esta cercado con peligro de derrumbe.
El día de nuestra partida a Montevideo estaba todo negro con ganas de llover. Dimos la última voltereta y nos topamos con una guardia de la armada uruguaya ensayando el arrío de la bandera. El pabellón uruguayo contrastaba con los oscuros nubarrones.
Luego de arribar en bus a Montevideo, nos encontramos caminando por la Av. 14 de Julio rumbo a la ciudad vieja donde estaba nuestro hospedaje, Splendido hotel. Nos llamo la atención lo desierta que estaba dicha avenida en ese 14 de julio, y claro pues, era feriado y todo estaba cerrado, era el día de la jura de la constitución.
Dejamos la mochis y  nos largamos a caminar por ahí, encontramos la parte de la ciudad vieja bastante sucia, y en parte, mirando algunas construcciones derruidas, nos hacia recordar a callejuelas de La Habana.
El hotelito era bien antiguo, pero muy hermoso y teníamos la cocina a nuestra disposición. Enfrente teníamos el teatro más importante de Uruguay, el teatro Solís, con su farolito rojo encima, el cual se encendía (y aún hoy ocurre) cuando había función y por aquellos tiempos, al ser uno de los edificios más altos, llamaba a la sociedad a concurrir a la gala. Pudimos hacer una visita guiada por sus interiores y enterarnos un poco de su historia.
Al día siguiente el cielo continuaba nublado y con ligeras lloviznas. El sonido de un caballo que hacía resonar sus cascos en el empedrado de la calle se colaba por la ventana, parecía que habíamos retrocedido en el tiempo, mirando el alto techo de la vieja habitación. Remoloneando en la cama acordamos tomarnos unos buenos mates…y el mate???? Nooooo!!! Lo habíamos olvidamos en Colonia, ustedes pensarán:- después de todo es un mate, pero tiene una carga emocional importante para mí, regalo de mi buena amiga Vicky allá por el 2000 y que me ha acompañado en todos los viajes. Una ligera depresión me hundió en la cama mientras pensaba como diantres recuperarlo. Por buena fortuna llamé al hostel y me lo mandaron en encomienda con el termo que también había quedado allá. Muchas gracias buena gente.teatro solis
Caminando por la costanera nos acercamos hasta el parque Rodó, yo buscando puntos de referencia que se desprendían de las canciones de Jaime Ross.
Por la tarde fuimos a una muestra plástica sobre la murga llamada ”La gaditana que se quedo…100 años de murga”. Elementos de la murga pasaban por nuestros ojos: Colombina, Pierrot, muñecos cabezones. Luego se nos acerco uno de los artistas que había montado la instalación plástica y nos pusimos a charlar. Nos contaba del grupo de Cádiz que 100 años antes había llegado para ofrecer un espectáculo pero fueron estafados y debieron salir a la calle torrepara mostrar lo que hacían y así juntar el dinero para volverse. Ffueron los comienzos de una etapa importante de la cultura y la pasión uruguayas. Nos comentaba que habían estado con la muestra invitados en los carnavales de Cádiz, donde todo es popular y de paso despotricaba diciendo que veía a los carnavales uruguayos actuales muy empresariales, muchos directores de murga eran ya sus dueños, cosa que él no veía con buenos ojos, respecto del acceso a lo popular.
No pudimos ver la caída del sol sobre el Río de La Plata, los días grises no daban tregua, hasta dudábamos de si ir a Piriápolis o no, pero hacia allí fuimos.
Y la verdad es que nos encantó, una tranquila ciudad balnearia (claro, en invierno je!), enmarcada en pequeños cerritos que le dan un toque distintivo. Respiramos un aire especial en la ciudad fundada por don Piria. Tiene una linda constanera y el imponente hotel Argentino. Desde el cerro donde está el templito a San Antonio se obtiene una maravillosa panorámica, si hasta se alcanza a divisar Punta del Este.
En esta ciudad se me hizo más notorio la forma de saludar cuando te despedías: “que pasen bien”.
Por la noche, después de cenar, nos fuimos hasta la playa pero un viento fresquísimo nos obligo a volvernos.
Al día siguiente, antes de emprender el regreso a Montevideo, fuimos hasta el cerro del toro donde hay una escultura en metal de tamaño real de dicho animal, la cual hacia las veces de fuente, manando agua por la boca… pero ahora seca estaba. Seguimos ascendiendo por las laderas arboladas hasta el punto máximo, no podía faltarnos la dosis de trekking. Desde aquí la vista era hermosa.panoramica piriapolis
Por la tarde retornamos a Montevideo, recorrimos una vez más la Av. 14 de Julio, comimos una pizza (cuadrada je!) con una Pilsen, hasta que se no hizo la hora para ir al Solís a ver una obra en una de las nuevas salas.
Era hora de volver a los pagos, a contrarreloj llegamos a la terminal para tomar el bus a Retiro, en caravana con los muchos uruguayos que venían a ver la final de la copa América de su selección vs. Paraguay. En plena madrugada bajamos a hacer migraciones y ahí vi la tristemente célebre pastera Botnia, perfectamente iluminada.
Aprovechamos unos días para recorrer un poco Buenos Aires y ver a los uruguayos festejando en pleno Obelisco el campeonato merecidamente ganado. Vamo arriba la celeste, diriá Jaime Ross.
Lo pasamos muy lindo en la pequeña gira. Gracias. Eeeeeesssto es todo amigosssss. Salud!!!!

atarde en Piriapolis

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