Grageas en Mar Azul
(un fin de semana de enero de 2010)
[Nota] gragea: confite pequeño, redondeado y de color. "Breve" anecdotario de alguna pequeña nota de color en algún que otro camino recorrido.
Así como al que le gusta pescar el acto de tirar la caña ya se traduce en placentera espera hasta que llegue el pique…así no sentimos al “plantar” la carpa debajo de un gran pino, dispuestos a relajarnos y disfrutar. Y en la pequeña Mar Azul había gran cantidad de ellos, como en tantas otras localidades de nuestra costa atlántica, atinadamente forestadas, conviviendo con los médanos. El camping estaba muy lindo y apenas unos metros lo separaban de la playa.
Una noche excelente, noche veraniega, cálida, nos permitió sentarnos frente al mar, con una luna amarillenta alumbrando la oscuridad y el vaivén de las olas como única canción. Previamente habíamos degustado unas ricas pizzas amasadas y a la parrilla, todo un delikatessen (nos las ingeniamos bastante bien ya que ni mesa teníamos).
Al día siguiente fuimos en bici con Sil hasta Villa Gessel, por un camino de tierra que pasa por el corazón de Mar de las Pampas, ¡que contraste con Mar Azul! Desde las construcciones hasta los autos que andaban circulando por allí, otro status, otro poder adquisitivo. Ya en Gesell recorrimos toda la avenida 3 hasta el final, donde esta el vivero y la casa del fundador, para descansar del sol que estaba implacable (pedalear al mediodía en verano no es la mejor idea jejeje).

Por la tarde, luego de varios chapuzones y cuando el sol comenzó a aflojar, nos fuimos hasta el faro Querandíes (Sil y Robin, mi cuñado, ya lo conocían). Mientras yo iba alternando el trote con la caminata por la costa, Robin llevaba a Sil en su moto (una Honda XR 500) hasta el faro para luego venir a encontrarse conmigo y hacer lo mismo. La velocidad y el traqueteo de la moto en la arena, buscando las partes más firmes, me causaba mucho placer y adrenalina. A lo lejos comenzó a divisarse el faro. Cuando llegamos no podía creer el terrible médano que tenía ante mi, nunca los había visto tan grandes. A pura potencia Robin llevó la moto hasta lo más alto de la duna. Una vista excelente nos permitió ver irse el sol. El faro pintado en franjas blanquinegras mostraba su parpadeo lumínico. Era tan agradable y pacífico el caer de la tarde que no daba
ganas de irse pero no queríamos que nos agarrara la noche (cosa que no logramos). Volvimos más despacio pues la amortiguación estaba bastante abajo por el peso de los tres. Cuando ya nos preguntábamos cuanto faltaría para llegar preguntamos a unos pescadores:-un poquito más…y llegan a Gesell. Ups!! Nos habíamos re pasado. 
Necesitábamos llegar al camino de tierra que habíamos andado con Sil al mediodía. Dado que era muy arenoso fuimos caminando en las penumbras y Robin en la moto, con tan mala suerte que él agarro un trayecto paralelo pero sin salida al camino. Lo esperamos un rato y como no aparecía comenzamos a caminar lentamente hasta Mar Azul un poco preocupados. Alegría enorme fue verlo después de casi media hora (entre espera y caminata).
Al llegar a Mar Azul comprobamos que todo el pueblo estaba a oscuras y ahí comprendimos porque nos habíamos pasado de largo, a falta de luces habían desaparecidos las referencias visuales (vi luz y entré).
Al día siguiente retornamos y de paso dimos una vuelta por Mar Chiquita.
Solo un par de kilómetros recorridos ese fin de semana, un cambio de aire. Esssssta biennnnn.