Grageas en chasco, chasco, Chascomús
(2-4 abril de 2010)
[Nota] gragea: confite pequeño, redondeado y de color. "Breve" anecdotario de alguna pequeña nota de color en algún que otro camino recorrido.
Con un par de días libres por Semana Santa pusimos el dedo en el mapa: Chascomús y que mejor que hacerlo en tren. No se explicarlo pero el tren tiene magia…el traqueteo, la campana que suena en las estaciones, el silbato del guarda, quizás las historias que no me contaron de mi abuelo ferroviario, a quién no conocí. Los trenes no están en el mejor estado y quizás eso le de más sabor de “aventura”. Tras un viaje tranquilo llegamos a destino, el panorama pintaba complicado:
-está todo lleno de gente- nos decían en la estación. Con las referencias dadas nos fuimos para el camping, cruzando los dedos. Desalentador fue llegar al camping más cercano y ver el cartelito de “completo” (encima los otros quedaban bastante más lejos), al preguntar por otro camping nos dijeron que dos personas cabían, joya!!! Nos quedamos entonces.
La ciudad da a la gran laguna de Chascomús, una de las tantas que hay por la zona. Un clima tranquilo se respiraba en la ciudad a pesar de que bastante gente se había acercado hasta aquí, muchos procedentes de Capital, dada la cercanía. El día estuvo gris para comenzar recién a abrirse por la tarde y permitir que los fulgores tiñan todo el cielo en un apacible ocaso.
El día siguiente estuvo marcado por un trabajo de hormiga. La parrilla estaba cerca nuestro y nos decía:-¿no me van a usar?, esto, sumado a mi premisa de que campamento sin fuego (y sin humo) no es tal, hizo levantar mi vista, pero no había leña cerca y si bien podíamos recurrir al carbón, no hay nada como la leñita.
Cerca de las 10 am nos acercamos hasta donde salía la visita guiada por la ciudad (ya con unas ramitas recolectadas). Fue una jornada sin desperdicio, muy jugosa, una fugaz revisión histórica a través de cada una de las salas del Museo Pampeano. El guía, un genio, con mucho humor en sus comentarios pero dándoles la palabra y especial participación a los más chicos.
Divertido fue aprender de donde venían algunos dichos, por ejemplo, se nos vienen al humo: antaño, en épocas de la campaña al desierto, las armas de fuego de los soldados eran de un solo tiro y carga frontal (por el caño se ponía la pólvora y se prensaba), cuando venían los indios les apuntaban y guay si el disparo no era acertado, pues la explosión armaba una humareda a donde arrojaba la lanza el indio. Otra, armado hasta los dientes: los piratas cuando intentaban el abordaje de otra nave en el fragor de la batalla lo hacían armados de espadas y trabucos… ¡y el puñal entre los dientes!
Fuera del museo había un ejemplar de ginko biloba, de aroma no tan agradable, particular por su foliación. El árbol de nombre copado, especie que sobrevivió a la bomba atómica de Hiroshima, una historia emocionante.
Luego recorrimos el casco histórico, visitamos una de las casas antiguas, donde se filmaron tomas de la película Camila, con los jovencitos Imanol Arias y Susú Pecoraro sobre la vida de Camila O´Gorman, protagonista de una trágica historia de amor(linda peli, viejita por supuesto). Varias cuadras se conservaban sin la ochava implementadas en la época de Rivadavia.
Entre risas el guía no comentó de la sapiencia de la estatua de San Martín sobre el caballo en la plaza central, pues con su mano señalaba donde vivía el ex presidente Raúl Alfonsín, enfrente de la plaza…todo un visionario jejeje.
La visita terminó en la pequeñita y sencilla iglesia de los negros. Chascomús era donde se hallaba la mayor comunidad negra de la zona en la época colonial. Un poco de historia sobre la esclavitud, el comienzo de la murga y el candombe, ese paso característico de baile era lo único que le permitían hacer las pesadas cadenas en los pies y el colorido del vestuario surgió de dar vuelta los vestidos sedosos que les regalaban las amas.
Zona de grandes estancias (hay un gran turismo rural en la región)… ideologías unitarias y federales aún dividen a la población.
Al llegar la noche, el trabajo hormigueril habìa dado fruto, contábamos con gran cantidad de ramitas, las suficientes para el pollo quede cocido y sabroso.
Volvimos en tren, al día siguiente, luego de una placentera espera en una de las estaciones más antiguas, ya que aquí era cabecera de ramal.
Hace un par de años, mientras caminaba por las vías muertas de Humahuaca, me había preguntado que había pasado con el tren, las respuestas las descubrí en el documental de Pino Solanas, La próxima estación, que recomiendo ver. También hay gente trabajando en iniciativas y voluntades para volver a tener un tren para todos.
Espero que podamos revertir la decadencia de tan mágico transporte…