Grageas en el Valle de Calamuchita
(nov de 2009)
[Nota] gragea: confite pequeño, redondeado y de color. "Breve" anecdotario de alguna pequeña nota de color en algún que otro camino recorrido.
Había llegado a Río Cuarto, Córdoba como asistente a un congreso sobre Energías Renovables. Fueron 4 días de compartir experiencias y conocer gente. La ciudad era linda y tranquila, mucho no pude recorrerla por falta de tiempo. El río de igual nombre la cruzaba manso y con poco caudal…por aquellos días la tierra pedía desesperadamente agua. La sequía y la estupidez humana (o descuido quizás) se unían al viento para tornar complicado controlar el fuego en las sierras cordobesas.
Aprovechando el viaje quería conocer y vagabundear un poco por la zona, volver a viajar a dedo un tramo.
La chica del hostel Río Cuarto, donde paré esos días, gentilmente me acercó hasta la salida de la ciudad ese viernes. Había hecho mucho calor en la semana pero un viento en la cara y la sombra providencial de un gran árbol hacían soportable el sol del mediodía. Me había armado un cartelito con mi destino: Embalse. Estaba despreocupado y sin horario y me daba mucho placer ver la mochila apoyada al lado del cartel de la ruta.
Mostraba mi destino pero muchos al leer hacían gestos como que doblaban, efectivamente había dos desvíos en la ruta, estos llevaban a Córdoba capital. No esperé demasiado cuando paró una camioneta Chevrolet S-10. Fuimos charlando, quien me llevaba era bastante aventurero, piloto de ultralivianos. Con deleite contaba cuando cruzaba las sierras con su MotoCross a campo traviesa hasta Merlo (pcia de San Luis) a jugar al tenis con un amigo. También me contó de sus vaivenes familiares, de su ex mujer y sus hijos (casi casi también ex). Me dejó en la pequeñita Terminal de buses de Embalse. Ahí nomás averigüe un hospedaje pero no me convenció el precio vs. comodidad… hacía calor, así que me fui para el camping alejándome del pueblo, el 1° que encontré estaba cerrado, el 2° no. El camping daba al inmenso lago que forma el embalse Río Tercero. Las laderas de las elevaciones lucían con manchones negros producto de los recientes incendios, por suerte ya controlados; aún se sentía el olor a quemado. No había sido precavido y no había traído malla (traje de baño, je), así que como no había gente a la vista me metí en calzoncillos (huye despavorida la fauna acuífera jejeje).
Era hora de la siesta a la sombrita.
A la tarde me fui a caminar para el lado del pueblo hasta la parte del complejo veraniego similar al que está cerca de Mardel en Chapadmalal, construidos en la época de Perón. La tarde súper agradable frente al lago, con el sol cayendo entre los añosos eucaliptos, me permitieron disfrutar unos mates y algunas páginas del Don Quijote, más allá unos caballos pastaban libremente (ninguno era el flaco Rocinante).
Me volví al camping y agarré la mochila que había dejado en la recepción. Había un detalle, no tenía carpa; me acomodé en una especie de quincho, sin paredes. Luego de una ducha me fui para el pueblo (que no quedaba a la vuelta de la esquina, así que no me costó mucho dormirme luego) para cenar unos ricos tallarines caseros.
El destino para el día siguiente era Santa Rosa de Calamuchita que abrevié Sta Rosa en el cartelito. Rápidamente estaba en viaje en una Fiorino. Quien me llevaba tenía un hotelito en Villa Gral. Belgrano. Me dejó en el acceso y fui a turismo a buscar información.
-¿Sabés hacer algo?-, me dijeron, pues el domingo había un festival de talentos, pero por el bien de todos el domingo estaría tomándome el bus para Mar del Plata, mira si se me daba por cantar je!
El calor del mediodía hacia pesar más la mochila y parecía no llegar nunca al camping municipal. Cara de sorpresa pusieron en la recepción cuando al darrme los precios de acampe, me dicen, es tanto por carpa…ehhh…¡no tengo carpa! (plop). Bueno, si llueve te podés acomodar en alguna de las cocheras. El camping contaba con casitas con cochera y algunas no estaban alquiladas. No estuve muy cómodo aquí, me tenía que bañar antes de las 20 hs pues se iban de la recepción y las duchas quedaban cerradas. Encima no daba para dormir al aire libre, había mucha gente circulando pues había rally zonal y la etapa terminaba al lado del camping sumado a que no había un gramo de pasto en la zona de acampe.
La tarde dio para la siesta a la vera del río Santa Rosa, que también lucía afectado por la sequía, el agua apenas corria y había muchas zonas con algas (nosotros le decíamos verdín allá en el pago). Cuando aflojó el sol un poco, me fui de caminata para husmear el pueblo.
Al final terminé durmiendo en una de las cocheras, las cuales eran abiertas y sin portón. Temprano me
acosté. Cuando la modorra iba dando paso al sueño abro los ojos y un pibito me estaba observando:
-¿que hace?- me preguntó.
-Duermo acá porque no tengo carpa- (me sentí re linyera).
El techo fue bienvenido pues cayeron unas gotas (me acordaba cuando dormimos a la intemperie con el Pelado en la laguna La Brava y tuvimos que buscar amparo luego de estar 1 hora bajo la llovizna).
En plena madrugada me despierto sobresaltado y pego un manotazo…¡¡¡un sapo!!! y estaba intentando escalarme. Me costó volver a dormirme pensando en los mitos de la niñez que si se te paraba el sapo sobre el corazón te morías.
El día siguiente amaneció nublado y húmedo, tenía el pasaje de regreso desde Córdoba capital. Aproveché para ver a un par de chicos con los cuáles nos conocíamos por trabajar vía telefónica (una voz en el teléfono): Pauli, Kike, Octavio, Caro y Alejandro, y después de compartir unos mates en el pasaje del Buen Pastor me volví a casita, no sin antes disfrutar una Pretty limón.
Lindos momentos que quedaron en mi recuerdo y pude disfrutar mucho. Gracias.