Salvador de Bahía, Brasil

(verano 2010)

SALVADOR1

Unos 1600 Km. nos separa de Río, ¡es tan grande Brasil! Después del susto con la equivocación de aeropuerto llegamos a Salvador, estado de Bahía, en un viaje tranqui con escala en Belho Horizonte. Preguntamos en turismo por hospedaje en el Pelourinho con la incertidumbre de si conseguiríamos un sitio donde reposar nuestros huesos (barato en lo posible), era sábado y estábamos cerca del carnaval, aunque cuando ocurriera ese despliegue de color, ritmo y energía ya estaríamos en nuestra querida Mar del Plata.
El cansancio y el no conocer hicieron muy largo el camino en bus desde el aeropuerto hasta el Pelourinho, pero fue lindo recorrer gran parte de la costa.
El Pelourinho, declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO, invita a oler historia en cada adoquín de sus callecitas empedradas, en cada construcción, en cada iglesia (que son muchas por cierto), una historia que quizás duele aún; gran parte de la población proviene de los esclavos negros traídos de África en la época de la colonia. Heridas que no cicatrizan, discriminación racial entre blancos y negros. Lo bueno de viajar es que incita a la curiosidad, a querer conocer más, pasamos por la casa donde vivió Jorge Amado, escritor de esta ciudad y la invitación a leer Bahía de Todos los Santos esta ahí.
A diferencia de Río, acá se notaba el hostigamiento al turista, esto, sumado a la arquitectura nos hacía recordar mucho a Trinidad en Cuba (nos habían recomendado que tuviéramos mucho cuidado con los robos).

SALVADOR2
En el corazón del Pelourinho se había armado un escenario pues esa noche tocaba Olodum, un grupo que se había hecho conocido al mundo cuando filmaron junto a Michael Jackson un videoclip en esas callecitas, las mismas que ahora caminábamos sufriendo un poco las pendientes. Olodum había comenzado como un proyecto para sacar a los chicos de la calle y dar una alternativa a la delincuencia, algo similar se puede ver en una película documental “El milagro de Candeal”, el proyecto impulsado por Carlinhos Brown que logró pacificar la favela Candeal a través de la música y una sólida organización comunitaria (recomiendo verla). Ya un poco agobiados por el calor conseguimos un hostel muy lindo llamado Nega Maluca a $R 26 con desayuno.
Dejamos las cosas y ya nos dispusimos a explorar la zona.
Otra diferencia que sentí con respecto a Río fue la música, acá sonaba en más lugares, desde el vendedor ambulante de baratijas que andaba con su equipito de música hasta los show de capoeira en espacios públicos y ni que hablar de las “procesiones” de batucadas, grupetes de percusión recorriendo las calles, llenándolas de magia y vibración.
Por una callecita de gran pendiente llegamos a la parte baixa del barrio (claramente uno puede darse cuenta la parte alta de la baja en esta zona) aunque por unas pocas monedas se puede tomar el elevador Lacerda, uno de los iconos de la ciudad, ni más ni menos que un par de ascensores pero que luego veríamos cuanto tiempo se ahorra uno con ellos. Más simpáticos son los planos inclinados que estaban un poco más allá (me acordaba de Valparaíso en la película Diario de Motocicleta) y que en días sucesivos tomamos.
Ese primer día, en una caminata casi demencial, por el calor y el cansancio arrastrado de la noche anterior, caminamos (mucho) hasta la altura de la Igreja de Bom Fim buscando una playa. Nos metimos FAROL DA BARRAen una “playa” de gente del lugar, atestada de mesas y sombrillas, música y ruido, desperdicios por doquier, ni un centímetro  libre de arena…sapos de otro pozo se nos notaba a la legua, cortamos por lo sano y nos tomamos un bus hasta el Farol da Barra, un pintoresco faro, pero en esta zona no tenían las playas de Río, el agua estaba con basura, se ve que aquí no importaba demasiado dejar restos tirados. Probamos el excelente quesito “quenchi”, una pequeña barra de queso calentada a las brasas avivadas por el vendedor abanicando enérgicamente un braserito con el que anda de acá para allá.
Volvimos caminando al hostel, ya había mucho movimiento de gente en el Pelourinho por el recital (gratuito), y también había fuerte presencia policial y un par de retenes que nos dejaron pasar a pesar de que teníamos nuestra documentación en el hostel. Más tarde vimos un poco del recital desde afuera, ayudado por los desniveles de la calle: qué color, qué fuerza, qué ritmo.
Al día siguiente, luego de un buen desayuno, nos mudamos a un hostel que se veía nuevo, a la vuelta de CAE EL SOL EN SALVADORdonde estábamos, Bubba hostel, por $R 20 y de similares características.
Ese día nos dedicamos a descansar, anduvimos recorriendo el Mercado Modelo, muy antiguo y con mucha historia detrás.
Probamos el Acarajé, una comida típica de Bahía, una especie de bollito del tamaño de una bola de fraile, frito, que luego parten por la mitad y lo rellenan con diferentes mejunjes, la de ensalada y camarones cocidos a la sal está para chuparse los dedos.
El domingo estaba yéndose, una siestita en un mirador, esperando el tranquilo atardecer desde el Pelourinho y el sol hundiéndose en la bahía reflejándose en el mar .


Itaparica
-Todo muy lindo, pero me cansé de tantas piedras viejas- repetía a cada paso Robin. Compramos un coco gelado para cada uno, baratito y gustoso y también compramos en un puestito callejero un par de mamones (mamão) bien maduros.
Dado los costos del ferry y el poco tiempo del que disponíamos descartamos ir al morro de São Paulo pero igual nos acercamos a la Terminal marítima para ir a la isla de Itaparica a pasar el día, estaba lleno de gente y era debido a que la marea baja no permitía zarpar a las embarcaciones. Luego de esperar una hora pudimos acceder al barco pero tuvimos que esperar una hora más para dejar el puerto, buen momento para compartir un latão de cerveja con Robin (podríamos haber optado por un helado o agua que también vendían los vendedores ambulantes pero bueh…).
LLEGANDO A ITAPARICAYa llegando al puerto de la  isla, mientras veíamos como los chiquitos DISECCION DE MAMON jugaban subiéndose  y tirándose al agua desde los barcos en movimiento, encallamos. Por más que el capitán forzaba los motores, las formaciones rocosas del fondo impedían que nos zafáramos y poder atracar, mucho era el ruido cuando las hélices daban contra estas formaciones, enturbiando el agua. Tuvimos que llegar hasta el muelle usando como pasadizo la proa de otro barco.
Después de cerciorarnos del último barco que nos devolvería a Salvador tomamos una combi hasta el pueblito homónimo (hay varios pueblitos de pescadores en toda la isla), el día estuvo súper agradable, fuimos directamente a la praia, estaba tranquila y con poca gente, ya era lunes. Los chicos se fueron a nadar y yo me puse a snorkelear, enfrente nuestro pasaba un cable de tensión submarino y se sentía un ligero zumbido al sumergirnos. No vi ningún pez pero sí había gran cantidad de ermitaños (las langostitas que llevan el caracol a cuestas para protegerse).
Hora de comer el mamón: provisto  de una gran vaina que recogí de debajo de un árbol, procedí a diseccionar la fruta madura…un improvisado cuchillo (más vale maña que…).
Una corriente marina cálida llenó de algas y elevó bastante la temperatura del agua hasta parecer termal jejeje. Caminamos hasta el muelle observando las embarcaciones deportivas y luego seguimos recorriendo el tranquilo pueblo. El olor a pan recién hecho nos llamó a merendar…unos ricos pancitos saborizados y dos jarras de jugos naturales a muy buen precio.
La tarde iba cayendo y era hora de retornar al puerto para embarcarnos, no había mucho movimiento, ninguna combi aparecía a la vista y no disponíamos de dinero para un eventual hospedaje allí, ups!!!! Por suerte un auto paró y nos preguntó si íbamos para allá así que nos subimos al “remis”.
Mientras dejábamos la isla, el sol se ocultaba y la penumbra iba resaltando las luces urbanas de Salvador a medida que nos acercábamos.


Al día siguiente, luego del desayuno nos fuimos con Sil a la Feira de São Joaquim, que habíamos visto el primer día de nuestra caminata cerca de Bom Fim, solo gente del lugar se veía, pudimos recorrerlo tranquilo, ver su movimiento y el color que tiene todo mercado, frutas y verduras tropicales (gran cantidad de ellas desconocidas por nosotros), artesanías, ropa, utensilios, granos y harinas, gallinas y palomas, hasta un pavo real había, el sector de carnes con la cabeza de chancho “mirándonos”, pescados y grandes montañas de camarones salados. Desafortunadamente no habíamos llevado la cámara por seguridad, pero la verdad que aquí dentro se respiraba tranquilidad y protección, son todos laburantes. Lo que si había que tener cuidado con los changarines que venían con sus carros, no ser que fuéramos arrollados je! .
Cuando volvimos decidimos dejar el hostel, el dueño había enrarecido el clima inútilmente, en el desayuno nos había apurado a todos para que lo termináramos pronto, había cerrado con llave la sala donde había Internet, todo era muy friccionado, de los empleados del día anterior no había ninguno, en definitiva nos fuimos hasta un albergue que Robin había visto a solo $R 15. Llegamos y dejamos las cosas aunque no estaba el dueño, le había dejado la llave a un vecino que tenía un negocio enfrente. El lugar era una antigua construcción  y las habitaciones estaban formadas por tabiques de madera.

IEMANJA
Nos tomamos un bus hasta la zona llamada Rio Vermelho (barrio podríamos decir) donde se llevaba a cabo la celebración de Iemanjá, la diosa de los mares. El sincretismo religioso ha llevado a darle el paralelismo de la Virgen María católica. Mucha gente se daba cita en el lugar, un rito antaño tradicional, un poco más diluido en misticismo ahora. Una singular procesión de embarcaciones se daba en el mar, cerca de la costa, una pequeña barca con la imagen seguida por otras: desde las más humildes hasta las más sofisticadas, un barco de la marina, un pequeño galeón, hasta alguien en canoa sumaba la comitiva. Las mujeres agradecen con ofrendas que arrojan al mar la protección de sus hombres que se embarcan, prevalecen las vestimentas de blanco.
 Pero sobre la calle había otra celebración, música y cerveza por todos lados, mucha gente, bien popular, desfilaban las bandas y comparsas a puro cachengue.CACHENGUE
Emprendimos el regreso caminando (¿cuando no?) bordeando toda la costa, y el atardecer nos regaló unas lindas tonalidades de postal. Fuimos observando parte de los preparativos de la infraestructura para el carnaval.
Llegamos al Farol da Barra para verlo todo iluminado y antes de que llegara el bus abordamos una vieja combi VW hasta el Pelourinho, un poco preocupados por si encontraríamos abierto donde teníamos nuestras pertenencias. Por fortuna todo estuvo ok, estaba el dueño, un italiano muyyyyyyy personaje.


Imbassaí
A unos 60 Km. de Salvador, este pueblito costero nos daba la bienvenida. Por comentarios, llegamos al eco hostel Lujimba de Alejandro, un cordobés que ya había echado raíces en este lugar: su mujer y su niño eran brasileños. El lugar era hermoso, diseñado acorde a la naturaleza reinante, muy en contacto con ella. Espacios abiertos, varias hamacas paraguayas colgadas. El agua de las duchas era calentada por colectores solares.IMBASSAI
Dejamos las cosas y nos fuimos a la playa. Un pequeño río forma unas lagunitas antes de desembocar en el mar, donde uno puede dar un paseo en bote, inclusive algunos te llevan hasta la playa jejeje.Si bien estaba cálido el día se presentaba nublado y ventoso, un viento del este que nos acompañaría todos los días y que ponía un poco revoltoso el mar. La paz era total, Km. y Km. de playas con las típicas palmeras, muy poca gente.
-Toda esta zona es muy importante para las tortugas marinas ya que es donde vienen a desovar, por ahí tienen suerte de ver alguna- nos comentaba Alejandro, así que después de cenar y aprovechando la claridad de una luna casi llena fuimos a la costa, la noche estaba totalmente despejada y deliciosamente cálida pero no vimos nada.
Al día siguiente, después  de un buen desayuno emprendimos la caminata de unos 10 Km. por la costa, aprovechando la marea baja, hacia Praia do Forte. Tuvimos suerte de que unas cuantas nubes cubrían cada tanto el sol evitando una calcinación espontánea y cada tanto nos dábamos un chapuzón. A lo lejos veíamos un bulto negro y aves de rapiña sobre él, era una enorme tortuga marina muerta, mayor pena fue ver luego una tortuguita muerta recién nacida que no había alcanzado el agua. Ya próximos a llegar a destino encontramos los piletones naturales que nos habían comentado, rocosidades que se llenaban de vida con cada marea alta y formaban un “acuario” natural, que placer fue snorkelear acá, que variedad de peces, que colores, quedé alucinado… y arrugado de tanto estar en el agua, je! (se vienen las fotos subacúaticas para el próximo viaje)

PRAIA DO FORTE
Praia do Forte es más turístico y esta más organizado que Imbassai, pero consecuentemente hay más gente. Tiene una pequeñita iglesia muy pintoresca, una explanada enfrente mirando al mar y los barquitos pescadores meciéndose con las olas (aquí no hay muelle).
En este lugar se encuentra el proyecto TAMAR, para la protección de las tortugas marinas, en grave peligro de supervivencia. Aquí entre otras cosas, rompen los huevitos de tortuga y se hacen una tortilla, naaaa, chiste, chiste. Pasadas las 5 presenciamos con emoción una especie de suelta de tortugas recién sacadas del cascarón, estas son largadas todas juntas y siguiendo su instinto buscan el mar y aquí veíamos unos de los problemas de su supervivencia, lo que les costaba llegar hasta el agua (considerando que la distancia desde donde las largaban era mucho menor que la que recorren desde donde la madre desova), las olas las revolcaban, otras se iban para el lado contrario, sumado a otros enemigos naturales como las aves.
PALMERINAl día siguiente ya nos estábamos despidiendo. Mientras desayunábamos un monito vino a husmear, -visitantes habituales- dijo Alejandro. La noche anterior habíamos dormido afuera con Robin para evitar los mosquitos encerrados en la habitación, en un par de hamacas paraguayas, la noche estaba muy linda y plagada de murciélagos…y de mosquitos, si bien me tape aguantándome el calor los muy guachos me picaban por debajo de la hamaca traspasando la tela, ¡que lo parió!!!!!
Nos despedimos de las playas brasileñas caminando, tuvimos la buena fortuna de ver las huellas de una tortuga que había desovado la noche anterior, la marca de su vientre arrastrándose en la arena y sus patas impulsándose. Pudimos ver también un pez globo muerto, impresionante sus púas. Un show eran los cangrejos, súper ligeros y yo me entretenía persiguiéndolos (éramos tan pobres).
Almorzamos tarde y luego fuimos caminando hasta la ruta para ir a Salvador, el atardecer nos encontraba entrando lentamente a la ciudad por la congestión de tránsito, llegamos a la rodoviaria y luego de dos buses más arribamos al aeropuerto.

IMBASSAI
Apenas algo de São Paulo
Esta vez si pudimos dormir en el aeropuerto, ya que el vuelo salía temprano hacia São Paulo. Un local con el merchandainsing del carnaval, que ya se venía, mostraba los artistas que participarían del mismo: Daniela Mercury, Carlinhos Brown, Olodum, Timbalada, Chiclete com Banana…
Nos esperaban 12 horas de aeropuerto en São Paulo, así que dejamos las mochis en el guardabolso y nos fuimos a recorrer un poco el centro de esta mega ciudad, enfrente de la catedral había un festival de la comunidad china, pero no daba para estar al sol, aparte no lucía muy entretenido. Fuimos al mercado Central y  las inmediaciones estaban atestadas de gente, era sábado y aparentemente día de compras alocadas.
Justo el último día probé la mítica feijoada, era cerca de las 2 de la tarde y me fui rodando jejeje fue la primera vez que tomamos cerveza Brama en estás tierras (mucha Skol, mucha Antartica).


¿Como llegamos hasta casita?
Tomamos el vuelo con escala en Asunción, donde tuvimos que esperar varias horas, era de madrugada y el aeropuerto (muy chiquito) da una imagen tristona por un lado y de misterio por otro de que lo será el Paraguay, su gente, sus alegrías, sus dramas…
Después de preguntar y repreguntar nos habían dado la certeza que nuestros equipajes los habían cargado en el avión con destino a Ezeiza, algo que no ocurrió, la cinta del equipaje giró y giró pero lo nuestro no apareció (unas chicas corrieron idéntica suerte). Reclamamos el equipaje que recién nos llegó a Mardel después de 5 días, varios llamados reiterando el reclamo y con el celular de Sil “desaparecido”. Así que amiguitos prestar atención en los transbordos.
Ya ligeros de equipaje, tomamos un bondi que pasa por el aeropuerto hasta la estación de trenes de Ezeiza con destino a Constitución. Una torrencial lluvia nos agarró por suerte en el tren, mientras los vendedores ambulantes iban pasando y un dúo de guitarreros alegraba con algunos temas de folclore, tratando de mantenerse en los vaivenes del transporte. No conseguimos pasaje a Mar del Plata en tren, nos despedimos de Robin y nos fuimos en subte hasta Retiro, donde después de algunas horas en bus llegamos a Mardel.
Verdaderamente fue un viaje hermoso, intenso, fuimos muy afortunados en que todo se nos diera muy bien y con salud. Gracias Brasil. Gracias por todo.


PD: obtuvimos buena info de un excelente blog www.blog.deviajeabrasil.com, lo recomiendo para quien esté pensando viajar a cualquier destino de Brasil.

 

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