Bolivia: La Paz, Copacabana, Isla del Sol y el Camino de la Muerte en bici.

(6-23 de enero de 2012)

 

Buscando estar a la altura en La Paz


Verdaderamente impactante fue ir bajando desde el aeropuerto hasta el hospedaje en esa noche…La Paz iluminada, diminutas luces en las laderas de los cerros.
Una caminata por los alrededores para ir aclimatándose a la altura y a la cultura. Un exprimido de naranja al instante y luego un plato llamado falso, sentado en una banquetita en medio de la calle transformada en mercado (fondo de fideos guiseros codito con un bife de res apanada todo con una salsa).
A Sil le pegó el soroche el primer día (llamado el mal de altura, vómitos, mareos, chuchos, decaimiento, o sea una porquería). Suerte que solo le duro un día.
La Paz fue “base de operaciones” y punto de partida a otros sitios. Manejarse en Bolivia es barato y encima el cambio de dinero favorable (1 U$S=6,94 pesos bolivianos, Bs.).
Por lo general no almorzábamos fuerte para poder caminar tranquilos, muchas ensaladas de frutas, licuados de papaya (llamada mamón en otras latitudes) y juguitos de naranja recién exprimidos, panes, empanadas salteñas y tucumanas de queso, carne y pollo; cada cosa por entre 2 y 4 Bs. Nos hicimos la panzada de mangos, que deliciosos y baratos. Por la noche caíamos en algún comedor para ver que servían de cena: un buen plato de sopa y de segundo algún pedazo de carne con arroz, papa y algún vegetal a solo 5 Bs.
En una de nuestras caminatas nos topamos con una procesión cristiana multitudinaria, que no dejaba de ser cultural; música y muchas banderas bolivianas, muchas cholas ataviadas con sus mejores vestidos, se fueron acercando hasta un escenario preparado al costado de la iglesia San Francisco. Una lluvia torrencial con granizo incluido nos obligó a refugiarnos por casi una hora debajo de un toldito.
Todo se puede comprar en la calle, desde prendas de vestir, accesorios, comida, frutas hasta artículos de ferretería. Los japoneses contentos con el país porque de lo que yo vi, el 80% del parque automotor es Toyota. El tránsito parece caótico y siempre están a 1 mm de chocar, pero no los noté histéricos de la bocina, un ligero ti ti para que sepás que acá vengo.
Tampoco sentimos sensación de inseguridad por donde anduvimos (igual siempre hay que estar atento) y no notamos violencia entre la gente, algún balbuceo de disgusto quizás. Vimos pocos bolivianos fumando. Ahora, comer, lo hacen a cualquier hora, hemos estado tomando un mate de manzanilla con pan y queso en uno de los “carritos” cercanos a la terminal y en el de al lado hay un par de personas comiendo sopa y algún guisado de pollo, el reloj dice que son las 7 de la mañana.
La Paz no te cansa…bueno, no al menos para mantener atenta la curiosidad, ya que constantemente hay que subir y bajar desniveles.
En uno de los paseos nos llegamos al mirador Killi Killi, hermosa vista de esta “taza” urbana que es La Paz que  luce anaranjada por los ladrillos huecos de lo que están hechas sus construcciones.
Por las noches las calles huelen a pollo frito, por la mañana a pan horneándose.
Tuvimos una interesante charla con la señora que atendía turismo debajo del puente peatonal. Ante la pregunta de si los bolivianos viajaban nos comentaba que una gran parte de ellos prefería trabajar duro y luego gastar grandes sumas en la fiesta del Poder en vestimentas, en armar una fiesta  que los encuentre bailando al amanecer, en cambiar la movilidad (el auto). Nos llamaba la atención también la cara tapada de los lustrabotas (lucen amenazadores), nos comentaba que era para no ser reconocidos:-“son mucho aquí de decir, ey ¿en que andas tú?”
En otro de los días de caminata nos acercamos hasta el estadio Hernando Siles, frente a él había una plazita con replicas de lo que uno puede encontrar en Tiawanaku, esculturas y máscaras. Retornando al centro pasamos por el parque Laikacota y  luego tomando la Av. 16 de Julio, ya por estos lados la gente que circula es más “occidentalizada”, hasta la línea imaginaria  de la calle Sagarnaga, la de la iglesia San Francisco.
Nos llegamos también hasta la calle Los Andes, donde se concentran los locales que preparan los trajes con exquisitos bordados para la fiesta del Gran Poder en La Paz y para los famosos carnavales de Oruro, trajes que rondan los 1000 y pico de Bs. Impresionantes.
Nuestros últimos días coincidieron con los festejos del 2° aniversario del Estado Plurinacional de Bolivia, la plaza Murillo  lucía colorida con las banderas boliviana y la wipala, tres murales de los próceres sumaban presencia. Nos acercamos cerca de las once de la mañana, las fuerzas armadas y varias agrupaciones esperaban para desfilar. Nos colocamos frente al Congreso, el vicepresidente inauguró la sesión extraordinaria y luego fue el turno de Evo Morales, aguantamos hasta la 1 y seguía dándole a la lata, un balance de su gestión pero con muchos datos y estadísticas, muy aburrido, nos fuimos. Encima después se largó terrible aguacero.
Volvimos a la plaza tipo 7 de la tarde, ya quedaban pocos, ¿pero quién estaba ahí en el palco a 20 metros de nosotros? El Evo. Estuve a punto de regalarle una grullita de papel que tenía hecha pero me quedé en la gatera. Tanta era la proximidad a la que estábamos que sentíamos una sensación de confianza, de entrecasa, jejeje. Bailamos al ritmo del grupo Semillas y luego Kollamarca.
Nos pasó a buscar para llevarnos al aeropuerto a las 5 AM Don Mario, quien nos había llevado hasta la base del Huayna Potosí, y se veía en el alerón de atrás de su Toyota nieve, ¿nieve?,:-es que estuvo nevando en El Alto que es donde vivo. Luego lo comprobamos a medida que nos acercábamos al aeropuerto.


En la isla del Sol


Todo comenzó algún tiempo atrás…jejeje
Que paz desde estas alturas, un aire tranquilo se respira mezclado con hierbas y bosta de ovejas y burros. Las terrazas de cultivo se encuentran en su mejor momento gracias a las abundantes lluvias, terrazas antiquísimas pero que siguen vigentes. Una tarea titánica debe haber sido construirlas. Aparte de los cultivos se ven hierbas y flores. Los burros van y vienen subiendo carga y mercaderías desde el embarcadero, en estos desniveles el burro es el mejor amigo del hombre, je! La mayoría de las casitas cuentan con sistemas recolectores de agua de lluvia, tan simple como canaletas que conducen el agua del techo a barriles de por lo menos doscientos litros.
Llegamos desde La Paz en bus, tuvimos que bajarnos en el estrecho de Tiquina donde el bus fue pasado en balsa y nosotros en botecito. Ni bien llegados a Copacabana tomamos una pequeña embarcación hacia la isla del Sol. Esta se halla dividida en 3 comunidades. Nosotros estábamos en Yumani, en la parte sur de la isla (y creo la más tranquila). Enfrente se divisaba, más pequeña, la Isla de Luna.
Hermoso es contemplar el majestuoso Titicaca, que complementa a la calma existente en la comunidad.
Esperamos la puesta del sol pero densas nubes nos lo negaron, aunque la imagen de esos gruesos nubarrones reflejados en el lago era algo sublime.
Por la noche fuimos a comer a un acogedor comedor, la ténue luz de las velas nos permitió disfrutar una sopa de quinua y una porción de trucha, ¡que rico!
Ya casi en luna llena, unos rayos se alcanzaban a colar por entre las nubes reflejándose en el vasto lago. Nuestra habitación, rústica y sencilla, pero con un amplio ventanal con vista al lago, una vista impresionante. Entre rebuznos y algún que otro balido nos dormimos tempranito. Para el día siguiente ya habíamos puesto el reloj para deleitarnos con un precioso amanecer…pero no pudo ser, un terrible chaparrón que duro más de tres horas nos lo impidió. Hora de volver a Copacabana. Mientras bajábamos al puerto una ligera lluvia nos acompañaba junto con un aroma como de azafrán.


Copacabana


Esta hermosa ciudad se desarrolla y crece a las orillas del Titicaca.

Subimos luego de dejar las mochis al Calvario, la altura (3800 msnm) y la falta de oxígeno hacen lento el subir. La vista desde el punto más alto es espectacular. Divisábamos la Isla del Sol y los innumerables barquitos que salían para allá. El sonido del pueblo llegaba hasta nosotros. El sitio tiene un olor rancio producto de los líquidos que se arrojan para las bendiciones: cerveza, gaseosas, sidra, serpentinas (el primer trago se lo dan a la Pachamama tirándolo al suelo) y bastante sucio.
Por la tarde nos perdimos recorriendo callejuelas hasta llegar a la costa del lago, nos descalzamos y metimos las patitas en él, las pequeñas piedras redondeadas de la costa hacían doler los pies pero había que estar atento para no pisar un vidrio de los muchos que había por ahí.
Al día siguiente, antes de retornar a La Paz, ascendimos hasta otro mirador, la horca del inka, ¿que historia esconderá este sitio?, por lo pronto la vista es muy linda, el pueblo allá abajo, el Calvario enfrente.


El camino de la muerte (The death road)


Temprano arrancamos desayunando en el hostel donde quedaban las oficinas del Solario (http://www.thedeathroad.com/) y luego a probarse el equipo: pantalón, chaqueta, protecciones para codos y rodillas, casco y guantes. Partimos luego para la cumbre, desde donde nos largaríamos en bici rumbo a Yolosa, pueblito cercano a Coroico, desde los 4650 msnm hasta los mil y pico en tan solo 65 km. de recorrido.

Era la primera vez que estábamos tan alto. El primer tramo transcurre sobre asfalto (como para afianzarse a la bici). Con velocidades cercanas a los 65 km/m (siempre algún loquito tiene gps jejeje) y con un paisaje montañoso espectacular desandamos el primer tramo, las cornisas daban escalofríos, un mal cálculo y fuiste Marquitos. Bajando el pecho para lograr mayor aerodinamia, ufff, que linda sensación. Al llegar al mismísimo camino de la muerte (llamada también ruta peligrosa por los menos alarmistas) recibimos nuevas instrucciones, comenzaba el ripio, una neblina hacia más solemne el momento.

Esta ruta era la que subía madera y productos de la yunga a La Paz.  Imaginar los camiones inmensos transitando este estrecho camino, ¡querido!, que pulso, que nervios de acero. El sentido de tránsito era el siguiente, el que sube va del lado de la ladera de la montaña, el que baja del lado del…precipicio!!!, la explicación es que si por ejemplo un camión cargado se le rompía la goma o se quedaba sin frenos, fácilmente podía frenarlo contra la montaña.
Cada tanto íbamos parando para reagruparnos los 23 más los 4 guías. Había que estar muy concentrado, la velocidad que tomaba la bici más las piedras del camino no permitían ningún error, esto sí era cornisa pura. El paisaje alucinante, un par de cascada y chorrillos caían, que suerte que el tráfico fue prácticamente nulo.
Paramos a sacarnos una foto en la que llaman Curva del Diablo. Suelen contar que los camioneros que pasaban por aquí entre medianoche y 2 AM sufrían alucinaciones de un puente imaginario que unía la curva con una linda cholita del otro extremo haciéndoles señas. Cosa e´ mandinga.
Las muñecas ya dolían de tanto traqueteo en el ripio, las palmas de las manos rojas del roce entre los guantes y las manoplas. En uno de los últimos descansos que paramos para hidratarnos se veía Coroico allá arriba. Última bajada y luego de atravesar Yolosa nos fuimos a comer en un hotelito con hermosa vista.  Luego de haber recargado energías con un sencillo pero riquísimo almuerzo y una rica cerveza llamada Judas (traicionera la guacha je!).
Acabábamos de vivir una intensa y adrenalínica experiencia.

 

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